Consejos para hombres casados
La suegra viene con tu esposa, no la elegís, viene sola. Mantener una relación amistosa con tu suegra es una de las cuestiones más complejas que existe en las relaciones humanas. Compleja porque desde el primer día es un cruce de miradas, gestos, caras de orto, comentarios que huelen a pólvora.
La primera táctica es marcar la cancha. No le tenés que dar un metro. Si le das un metro, te caga. Te caga porque agarra la manija. No le tenés que entregar la manija. Desde el primer día vos sos el que pone las reglas. Vos tenés que ser el que dice qué se hace y qué no se hace. En qué se puede meter y en qué tiene que cerrar el pico.
La segunda táctica más importante es no buscar aliados. La guerra con tu suegra es completamente distinta a cualquier otra guerra. Tenés que estar solo. Si buscás aliados cercanos mostrás debilidad, no tenés los huevos para aguantartela solo. Y ahí de nuevo te caga. Si vos buscás el apoyo en tu esposa mostrás que sos un pollerudo y que no tenés huevos. Perdés.
Tengo un amigo que lo tienen de punto. Me dice siempre: mi suegra es insoportable. No, vos sos un pelotudo, le contesto. Vos no sabés marcar la cancha y lo primero que hacés es mirar a tu esposa cuando tu suegra hace un comentario desubicado. Y cómo hago, me pregunta. Fácil, cuando se mete la mirás a los ojos y le decís con voz pausada: en este tema podemos opinar mi esposa y yo, los de afuera están de palo. Luego que terminás la frase te le quedás mirando fijo, no bajes la mirada porque cagaste. Si te quiere retrucar sacás trompita con la boca y con el dedo índice le hacés la señal de silencio sin hacer "shhhhh" que es maleducado. No me animo, me dice. Es un pelotudo.
La tercera táctica es no tenerle miedo al marido. Si vos le tenés miedo al marido entonces le tenés miedo a ella. Así funciona. Ella y el marido son uno. Lo que pasa que el marido te entiende y está de tu lado pero no lo dice. Tu suegro es un capitulo aparte, es la torre en un juego de ajedrez, importante sí, pero nunca será la reina. Porque la marimandona es la reina, es ella y a ella hay que marcarle la cancha.
La estrategia es mantener en el largo plazo esa sensación de ojo con el desequilibrado de mi yerno porque si se calienta puede ser un nuevo Barreda. Si vos podés mantener la tensión central, ganaste. Si sos capaz de manejar los tiempos no te joden nunca más en tu vida. Pero no bajes la guardia. No bajes los puños porque el jab está ahí esperando el comentario malintencionado para recordarte que vos sos un tipo de mierda.
Y sí, sos un tipo de mierda. Sos tan de mierda que tu suegra tiene que pensar quince veces antes de decirte algo. Pero te digo algo, si vos conseguís que antes de hacer un comentario se lo piense dos veces, entonces te ahorraste una infinidad de problemas, tiempo, guita y malos ratos con tu esposa.
jueves, 7 de febrero de 2013
Suegra: táctica y estrategia
jueves, 12 de abril de 2012
La lista
En Diciembre de 1999 cumplía un año trabajando para el departamento de riesgo de mercado de un reconocido banco de la city porteña. Damián y yo eramos los únicos dos que hacíamos los cálculos de riesgo para reportar al Banco Central y al management.
Ambos habíamos llegado en la misma fecha y comenzamos de cero a definir modelos, procesos y estándares que luego serían usados por más de una década. Fue un trabajo que nos costó muchas horas, mucho esfuerzo y, por sobre todo, muchas horas de lectura para dos jóvenes economistas guiados apenas por un par de gerentes que poco sabían del tema.
Eduardo R. era nuestro superior inmediato, era el gerente del Back y Middle office del banco. En ese momento tenía unos cincuenta años, alto, de buen porte, abundante cabellera, siempre muy bien empilchado. Un tipo con pinta, ganador.
Eduardo R. tenía una secretaria joven, de veintiseis años, Jorgelina era su nombre. Alta, morocha, delgada, piel muy blanca, ojos verdes y un culo que era un escándalo. Damián todos los días coqueteaba con Jorgelina. Un día la invitaba a almorzar. Otro día le dejaba un chocolate. Los lunes se contaban qué habían hecho el fin de semana. Un año así.
Eduardo R. reportaba al Director de Mercado de Capitales, Mario S. Cuando Mario S. caminaba por los pasillos la gente dejaba de hablar. Era un tipo con un carácter muy jodido, increíblemente inteligente y mucho más astuto que cualquier otra persona dentro del Banco.
Mario S. tenía dos asistentes: Gloria, su secretaria de siempre y María Eugenia, su recepcionista. Euge era -es- hermosa. Una mina delicada, muy simpática, piernas larguísimas, rubia, ojos color miel y buenas tetas. En ese momento tenía veinticinco. Para poder trabajar con Mario S. era imprescindible ser inteligente, muy inteligente, de lo contrario no había chances de nada. Y Euge lo era.
A Euge la invité a salir cien veces. No, mil. Mil quinientas. Pero era de esas minas tan simpáticas que para no decirte que no te sonríen y te ponen siempre la excusa perfecta. Yo sabía que eran excusas, pero me gustaba y todos los días aportaba mi granito de arena para poder salir con ella. Estaba casi enamorado, era preciosa.
El veintidos de diciembre del año 1999 a las cuatro y pico de la tarde, Eduardo R. nos llamó a Damián y a mí a su oficina. Lo primero que pensamos fue quilombo. Nos hizo sentar, nos miró con la cara muy seria y nos dijo, palabras más palabras menos lo siguiente:
"Estoy muy contento con el trabajo que hicieron. Pocas veces en mi carrera bancaria vi gente joven con tanto empuje como Ustedes, y sobre todo, con las ganas de aprender que tienen. Han creado las bases para que el área de riesgo de mercado funcione de acuerdo a las normas del Banco Central y de nuestro propio Banco. El banco les dará un bonus de acuerdo al esfuerzo realizado, y yo, desde el punto de vista personal quiero invitarlos hoy a cenar para agradecerles".
Con Damián nos miramos, sonreímos, agradecimos y nos fuimos a seguir con lo nuestro. A las seis de la tarde de ese mismo día, nos acercamos a la oficina de Eduardo R. y le preguntamos dónde nos teníamos que encontrar. Eduardo R. nos contestó que él mismo nos llevaría en su auto y que debíamos esperarlo para salir todos hacia el restaurante.
Ocho y media de la noche y nada. Nueve de la noche, nada, sin novedades. Nueve cuarenta de la noche entra Mario S. a la oficina de Eduardo R. y salen los dos caminando. Mario S. levanta su mano izquierda, como quien llama al mozo y nos mira para que vayamos. Mario S. a la cena, pensamos los dos a la vez. Cagamos.
Nos subimos los cuatro al auto de Eduardo S. y fuimos a cenar a un lindo restaurante de Madero. Allí nos acomodamos, ellos dos frente a nosotros dos y las primeras palabras las arrojó Eduardo S.
-Bueno, tanto Mario como yo queremos agradecerles nuevamente el esfuerzo que han realizado por el Banco y además haber aceptado estar aquí cenando con nosotros.
-Muchas gracias por la invitación Eduardo, nosotros solo hemos hecho lo que creemos que debíamos.
Mario S. nos mira y nos dice:
-Quiero hacerles un regalo especial. Ustedes hace apenas un año que están en el Banco pero yo hace veintisiete que trabajo allí. Este regalo que les haré los ayudará mucho con su vida profesional dentro del Banco.
En ese mismo instante, Mario S. saca su agenda, la abre al medio, nos da una lapicera y nos dice:
-Me gustaria que mientras cenamos me escriban en una página todos los nombres de toda la gente que a Ustedes les interesaría saber mi opinión. A la derecha anoten a los hombres y a la izquierda las mujeres.
Nuestro desconcierto era inmenso. No podíamos creer lo que estabamos viviendo. El hijo de puta más grande que tenía el Banco estaba cenando con nosotros y ofreciéndonos información de cada una de las personas que nosotros quisieramos.
La cena duró más de dos horas, hablamos de todo lo que pueden hablar cuatro hombres, fútbol, política, el Banco, mujeres, todo. Cuando terminamos el postre había más de treinta nombres en las dos páginas de la agenda, esperando las definiciones precisas de Mario S.
Le hacemos entrega de la agenda, tomó su lapicera y empezó a tachar uno a uno con su propia definición:
-Tapia, de Operaciones. Un hijo de puta, tengan cuidado.
-Robledo, un pelotudo tremendo. Inofensivo.
-Diana G., flor de puta la vieja esa, se la coje Duarte.
Nosotros callados. Serios. No podíamos creer lo que veíamos. Cuando habían pasado muchos nombres veíamos que las dos minas que a nosotros nos interesaba no aparecían. No decía nada de Euge y tampoco decía nada de Jorgelina. Él por su parte seguía:
-Susana Ayala, muy buena mina. Su hijo tiene problemas de salud, buena mujer. Pueden contar con ella.
-Ricardo Méndez, grandísimo jugador de fútbol, no sé cómo terminó en el Banco, tenía que ser jugador. Macanudo.
-Maldonado, buen tipo pero una vez me cagó y no lo perdoné nunca. No se confíen.
Siguió, siguió y siguió y en un momento cierra su agenda sin nombrar a Jorgelina, la mina de Damián ni a Euge, la mina que me volvía loco a mí. Mario S. siguió tomando su café y nos dijo:
-Bueno, ya saben lo que opino de cada uno.
Inmediatamente, Damián lo mira y con la confianza que ofrece una cena en esas circunstancias le dice:
-Mario, no nos nombró a Jorgelina y creo que tampoco nombró a María Eugenia.
Mario S. se acomodó la corbata, pasó su mano por su pelo, como quien se peina hacía atrás y nos dijo:
-Pendejos, yo sé que vos te querés cojer a Jorgelina y vos te querés cojer a María Eugenia, pero lo cierto es que yo me cojo a Jorgelina y Eduardo se coje a María Eugenia. Así que dejensé de romper las pelotas porque los voy a cagar echando a patadas en el culo a los dos. Ahora ya saben para qué los traje acá. Pasen mañana a buscar su cheque del bonus y ya saben lo que tienen que hacer, tranquilitos con las chicas. Les agradezco haber venido.
A partir del día siguiente en adelante "buenos días" y "hasta mañana" fueron todas las palabras que escucharon esas dos chicas de nosotros.
El del 0.33%
miércoles, 5 de enero de 2011
Real quilombo
Melchor está armando la bolsa de los regalos, mensaje en el Blackberry. Es la esposa de Gaspar: ¿Cuándo pasas por acá, mi Rey?.
Se pudrió todo. El negro sabe. Baltasar sabe. Lo que pasa que se hace el boludo. Se hace el boludo porque sabe que si delata al otro con Gaspar, se arma la hecatombe.
Pero, la cosa no queda ahí. Gaspar, ni lento ni perezoso, está saliendo con la hija del medio de Melchor, compañera de colegio de la más chiquita de Baltasar en la Media 31 de Diagonal 80 esquina 46 de La Plata, con lo cual también sabe todo sobre este affair. No es un dato menor el del colegio, la piba es menor de edad, y aquél boludón ya tiene sus cuarenta y pico. Lo que pasa es que a la pendeja le gustan los viejos, y al viejo verde le encanta la carne joven. No está mal, ¡eh!. No digo que está mal, pero, que se yo, tratándose de Gaspar vos decís: pará, loco, le traés los regalos a mi hija, y dentro de diez años te la vas a querer garchar. Entonces te preocupás. Aunque mucho más preocupante sería si el personaje en cuestión es el negro. No porque sea negro, sino por lo que todos sabemos o intuímos.
Cuestión que esa misma noche salen los tres con las bolsas y los camellos:
Baltasar: Che, lo que pesa esta bolsa no te das una idea.
Melchor: Sí, esta también. No sé cómo mierda no le ponen rueditas.
Baltasar: ¿Qué morfamos hoy?
Gaspar: Pasto, si otra cosa no nos dejan.
Melchor: El pasto no es para nosotros.
Gaspar: Otra cosa no nos dejan.
Baltasar: Ya lo dijiste eso. ¿Y si pasamos por el Banchero de la Boca?
Gaspar: No negro, bancá que después arriba del camello me descompongo, algo más livianito.
Baltasar: Bueno, vos comé pasto que es livianito, nosotros arrancamos con fuggazza.
Melchor: Gaspar, antes tenemos que pasar por tu casa para dejarle un regalo a tu hijo menor.
Baltasar: ¡Cof!¡Cof!...Perdón me atraganté.
Melchor: ¿Qué pasa negro?
Baltasar: No, nada.
Gaspar: Escuchen, tenemos que pasar por lo de Melchor también, a dejarle un regalo a las chicas.
Baltasar: ¡Coffff!...¡Bujjjjjcofcof!!
Melchor y Gaspar miran sorprendidos a Baltasar.
Melchor: ¿Qué pasa negro que andás con esa tosecita boluda?.¿eh?
Baltasar: Nada. No sé qué carajo tengo.
Melchor: Dale negro, ¿qué pasa?
Gaspar: Cada vez que este pajero tose así, es porque se pone nervioso. No tose, son nervios.
Baltasar: Miren, me tienen con las pelotas llenas. No los aguanto más a ninguno de los dos. ¿Somos amigos o no somos amigos?
Melchor: Sí,¿y?. ¿Qué carajo tiene que ver la tos?
Baltasar: Yo no aguanto más.
Gaspar: ¿Qué cosa no aguantas, negro?
Baltasar: No puedo más. No puedo seguir en esta situación. Me siento frágil. Siento que estamos viviendo un momento de mierda. En un laberinto donde la entrada es la amistad y la salida la traición.
Melchor: Negro, explicate. No entendemos un carajo.
Baltasar: ¿No entendés?. Si vos sabés que yo sé, pelotudo. Si te estás garchando a la mujer de este.
Gaspar: ¿Cómo? ¿Qué dice el negro de mierda este?
Baltasar: Claro, ahora te digo la posta y vos me decís negro de mierda.
Gaspar: ¿Vos te estás garchando a mi mujer, eh?
Gaspar encara directo a Melchor
Melchor: Pará boludo, dejame explicarte.
Gaspar: Qué me vas a explicar, qué me vas a explicar, te voy arrancar la cabeza. Sos un hijo de puta, no tenés perdón. Cómo carajo me hacés esto. Te llevé durante cuántos años la bolsa de mierda esa. Esperé a que tu puto camello comá todos los pastitos. Me aguanté las cagadas del camello de mierda ese y tantas otras cosas más.
Gaspar intenta acogotar a Melchor
Baltasar: ¡No seas hipócrita, Gaspar!. Vos salís con la del medio de Melchor.
Melchor: ¿Quiiiiiiiiiiiiiiiiiii?
Baltasar: Eso, se garcha a Valeria, tu hija.
Melchor se agarra la cabeza, totalmente ido, mira para el cielo. No lo puede creer.
Melchor: A Valerita nuuuuuuuuuuuu, laaaaaa puta que te pariooooooo, te voy a arrancar la cabeza vení acá, vení acá hijo de puta y eso que tu vieja era una santa pero vos saliste un flor de cagador.
Gaspar: ¡Ah! Cagador yo. Claro, vos te cojés a mi jermu y el cagador soy yo.
Melchor: ¡¡Pero Valerita es menor de edad!!.
Melchor mira a Baltasar con mucha bravura.
Melchor: ¿Y vos?. ¿Por qué carajo no me dijiste antes?
Baltasar: Miren, arreglen sus problemas y a mi no me jodan. Voy a llevar los regalos.
Baltasar a punto de subir al camello.
Melchor: ¿Y cuánto hace que te cojés a Valerita?
Gaspar: Desde el año pasado. ¿Te acordás cuando fuiste a tirar los cuetes el treinta y uno?. Bueno, ahí me quedé tomando sidra y ananá fizz y trago va, trago viene...
Melchor: ¡Ah! !Encima la emborrachaste la reputa que te parió! Te voy a meter en canaaaa.
Gaspar: Pará. No la emborraché. ¿Ta?. Además qué carajo, si apenas le di un besito.
Melchor: ¡Te chapaste a mi hija en mi propia casa!.
Gaspar: ¡Y vooooo!.¡Te cojiste a mi mujer en la mía!
Melchor: No es lo mismo. Nosotros somos adultos.
Gaspar: Pero dejate de joder, Valeria tiene diecisiete.
Melchor: Es mi chiquita. No lo puedo creer que seas tan, pero tan garca.
Gaspar: Vos también sos garca, ¡eh!.
Melchor: Lo tuyo es peor.
Gaspar: No lo tuyo.
Melchor: Lo tuyo.
Gaspar: Lo tuyo.
Melchor: Lo tuyo.
Baltasar: Paren. Paren. Parecen dos idiotas. Paren. ¿Se dan cuenta que acá se terminó todo?. ¿Cuántos años de amistad?. Se fue todo al carajo. No podemos seguir.
Gaspar: Y no.
Melchor: Y no, la verdad que no.
Gaspar: ¿Qué vamos a hacer?
Melchor: Y no sé. Mínimo dejate de cojer a mi hija. Después charlamos.
Gaspar: ¡Y vos mi jermu, cabeza!
Baltasar: Hagamos las paces.
Melchor: Ni en pedo.
Gaspar: Yo por mi, no hay problema. Me separo de mi jermu y listo. Mi matrimonio terminó, con paces o sin paces.
Melchor: El mío también terminó.
Gaspar: Y sí, ¿o pretendías convivir con mi jermu y la tuya en el harén?
Melchor: No, ni en pedo. Si juntas son dinamita. Esas dos en el mismo harén un mes, se confabulan, me echan del harén y te arman la ruta del bacalao de Ibiza.
Baltasar se para entre Melchor y Gaspar
Baltasar: Tengo una idea.
Gaspar: A ver negro si por una vez en tu vida se te ocurre algo decente.
Baltasar: Intercambien las mujeres por camellos.
Melchor: Mierda, te rompiste el bocho, ¡eh!.
Baltasar: ¿Cuánto vale Valeria?
Melchor: Impagable. El nabo este va a tener que hipotecar todo. No le alcanza ni pidiéndole a Jesús que le devuelva el oro y la mirra.
Gaspar: ¡Qué jodón que está el boludo este eh!
Baltasar: ¿Cuánto vale tu jermu?
Gaspar: Dormida o mirando tele, mucho. Pidiendo que haga mandados, ni regalada la aceptan.
Melchor: Yo, la única forma que me quedo contento es que este tipo deje a Valeria.
Gaspar: No va a suceder, vas a morir en la amargura. Nos amamos.
Melchor: Ayyyy, nos amamos, nos amamos, dice la mariquita. ¡Puto!
Gaspar: ¡Cagador!
Baltasar los mira y sugiere
Baltasar: ¿Vamos al Banchero de la Boca?
(Silencio)
Gaspar: Y dale.
Melchor: Vamos.
Se dirigen a los camellos
Gaspar: Me separo y me caso con Valeria.
Melchor: Está bien, pero yo me caso con tu jermu.
Gaspar: Bueno, ¿Y tu jermu va a ir al casamiento mío y de Valeria?
Melchor: Sí, la que no puede ir es mi futura esposa, porque sino se pudre todo.
Gaspar: Ya se pudrió todo.
Melchor: Tenés razón.
Gaspar: Bueno, pero el negro es el padrino de ambas bodas ¡eh!.
Baltasar: ¿No pueden tomar una sola decisión sin tocarme las pelotas a mí?
Gaspar: No negrito, vos sos lo más importante de nuestras vidas.
Melchor: Sin dudas. Hoy todos los regalos son para vos.
Baltasar: ¿Juguetes y pasto?
Gaspar: Bueno, no todo son juguetes, siempre hay algún cincuentón que pone el zapatito en la casa de la amante para que le traiga algo. Sino, miralo a Melchor, que el domingo cuando vino a la pileta dejó las chancletas en casa.
Melchor: Siempre el mismo hijo de puta ¡eh!. Te dije mil veces. ¡Me las olvidé!
Baltasar: Vamos que estoy cansado.
Recogen las bolsas, suben a los camellos y parten.
Fin
sábado, 15 de mayo de 2010
Cielo e infierno

Cielo es el lugar donde los policias son ingleses, los chefs son italianos, los mecánicos son alemanes, las amantes son franceses y todo está organizado por los suizos.
Infierno es el lugar donde los policias son alemanes, los chefs son ingleses, los mecanicos son franceses, los amantes son suizos y todo está organizado por los italianos.
miércoles, 7 de abril de 2010
Se le perdio el Lorito
Me encontré este cartel en Calle 7 y Plaza Italia, en La Plata. La vieja perdió un lorito. Parece que lo tiene un taxista, aunque algunos en el barrio dicen que Pedro, el loro, se cansó de la vieja, se tomó el primer tacho que pasaba y se fue a la mierda.
Es difícil ser lorito, ¡eh!.
viernes, 26 de marzo de 2010
Pepinos
Ando de viaje, con lo cual las anécdotas se multiplican. El otro día hice el tramo Panamá-Lima en un vuelo de COPA. Por suerte tengo la posibilidad de viajar en primera clase. Allí te sirven comida rica, los asientos son casi camas, y uno vuela como si estuviera en el living de su casa.
La señora que iba al lado mío parece que también estaba cómoda. Como en su casa, o mejor. No se comió la comida. No tenía hambre. Sí tenía frio. Así fue que agarró la ensalada que nos sirvieron, le sacó las dos rodajas de pepino que ésta llevaba y se las puso en los ojos. Luego, tomó la manta, se tapó hasta el cuello, reclinó su asiento y durmió.
Para sorpresa de todos, durmió más de dos horas con dos rodajas de pepino en sus ojos. Así, con un buen par de cojones, sin importar un carajo lo que decía el resto . ¡Viva la gente que todo le da igual!. Me encanta.
¡Salud, por la señora!
viernes, 5 de marzo de 2010
El espejo de Dany
Daniel es un ex compañero de la secundaria que tuvo la suerte de tener un padre con plata. A él le interesa poco tener plata, denominador común en toda la gente que ya nace con plata: la plata no le importa. No le importa porque la tiene, sino le importaría.
En el año 1993, el padre de Dany le regaló a él un departamentito de unos cincuenta metros, ubicado en el edificio de la calle cuatro y cuarenta y seis, en La Plata, por haber cumplido dieciocho años.
Con el tiempo empezamos a darle bastante utilidad al departamento. Lo primero que hicimos fue ponerle un jacuzzi. Después le mejoramos la cocina. Más adelante hicimos que la habitación se pareciera a la de un hotel alojamiento. Al año, el departamento era una preciosura. Tenía todo lo que un buen bulín tenía que tener, vieja reminiscencia de película de Olmedo y Porcel.
Por el departamento habrán pasado más o menos unas cincuenta chicas que prestan servicios sexuales a cambio de dinero. También de las que no cobran, pero de esas fueron bastante menos. Un día le tocaba a uno, otro día a otro y así.
Llegó un momento que no sabíamos qué hacerle al departamento. Un poco nos habíamos aburrido de lo de siempre. Estabamos los tres amigos sentados en el sofá y yo pregunté: Che, ¿y ahora qué más le podemos poner para divertirnos?. Silencio. Ya no se nos ocurría nada. A los diez minutos, con el televisor de fondo, Lucho baja el volumen y dice: ¿Y si ponemos cámaras para filmar todo?. Ni en pedo, dijo el dueño del departamento. Mucho trabajo, además no tenemos que dejar evidencia de nada y no sé de dónde voy a sacar plata para un sistema de cámaras, sintetizó.
A la media hora, Lucho de nuevo: tengo una idea. ¿Cuál?, dijimos. Se paró y nos dijo: vengan. Nos llevó al baño. Miró el espejo y dijo que la idea sería sacar el espejo, hacer un hueco en la pared y poner un vidrio espejado tapando el hueco. Luego nos llevó a la habitación y nos mostró que si hacíamos ese hueco, quedaría escondido en el ropero donde Dany guardaba alguna ropa. Genial. ¿Y a quién le miramos el culo?, pregunté. A todas nuestras compañeras del colegio, dijo. Enorme, el tipo.
Nos gustó, lo hicimos. A la semana siguiente nos pusimos manos a la obra. Sacamos el espejo, hicimos un hueco en la pared que daba al placard del dormitorio, y pusimos un vidrio espejado. Era prácticamente imposible estar en el baño y ver que alguien te miraba.
A los quince días de haber testeado el espejo con una chica pagada, decidimos organizar la reunión con las del colegio. Sin embargo, antes teníamos que definir la estrategia para la utilización correcta del espejo ya que cuando una iba al baño, uno de nosotros iba a tener que irse a la habitación, meterse en el ropero y espiar.
Ustedes son dos nabos, nos dice Lucho. Yo no voy a estar presente en la reunión, continúa. ¿Cómo que no?, le digo yo. No, me dice él. ¿Te lo vas a perder?, le pregunto preocupado. No, no, me contesta, quienes se lo van a perder son Ustedes dos, yo me voy a internar en el ropero y me paso toda la noche ahí mirando el desfiladero de minas. El hijo de puta era mucho más rápido -o pajero, no sé- que nosotros, nos pidió que compraramos mucha cerveza, y que siempre mantengamos la música alta. Perfecto, todo organizado.
Organizamos la reunión para un sábado. Lucho internado en el ropero, Dany y yo de anfitriones. Pasó una hora, ninguna iba al baño. Dos horas, nada. Tres horas, tampoco. A la cuarta hora, a la gorda Cynthia se le ocurre ir al baño, una compañera rellenita de ciento catorce kilos. Fue la única que pasó por el baño en toda la noche. Nos fuimos todos al centro, y el baño solo fue utilizado una sola vez. Lucho metido en el ropero.
El domingo en la madrugada, cuando volvimos del centro, nos reencontramos con Lucho durmiendo en el sofá con la tele encendida. Estaba indignado. Nos contó que lo mejor que había podido ver durante toda la noche, fue a la gorda Cynthia haciendo una fuerza sobrehumana para poder cagar, y que luego se gasto sesenta metros de papel higiénico para limpiarse semejante culo.
La desilusión de ese ser humano era tan, pero tan grande, que con Dany decidimos mandarle una paraguaya tetona que frecuentaba el departamento, como regalo al buen amigo.
Creo que fuimos generosos.
El del 0.33%
miércoles, 10 de febrero de 2010
La culpa es tuya
Resulta que estoy mirando el diario Perfil, y dice el titular: Anuló el matrimonio porque ella tenía barba y era bizca.
Vamos a ver. Vos salís una noche, ponele un sábado, te pusiste en pedo, cuatro y media, cinco de la madrugada estás más solo que Robinson Crusoe y la viste ahí.
- Hola harmosa, ¿sodita?
- ¿Eh?
- Si estás sodita o agompaneada, devena.
- Sola, sí, como te llamás.
Y ahí arranca el tema. Terminas bien la noche, contento. Domingo tres de la tarde, te despertaste solo, con resaca. Cuatro y media teléfono, ella, para preguntarte cómo estás. Con resaca, cómo vas a estar. ¿Nos vemos más tarde?, te dice. Ni en pedo, pensas. Bueno dale, te llamo porque no sé qué voy a hacer todavía, le terminás diciendo. Ese domingo no la ves, tenés que ir a la cancha, volver, escuchar cómo terminaron los demás partidos, cenar, ver el resumen de goles e irte a dormir.
Lunes, te llama cuatro veces. Martes, ocho veces. Uno es un caballero, no podés insultarla ni decirle que no te llame más. Una vez más, si o si la tenés que ver. Listo, quedaste para el Jueves.
Jueves. Sobrio. Nueve en punto. Llega. Chasco. La viste y pensas cuál habrá sido el nivel de alcohol para cometer semejante error. Te saluda, la saludás. ¿Qué tal estás?, te dice. Vos por dentro pensás, para el culo. Bien, bien. Ahí empezás a pensar cómo hacés para huir. Le decís que te tenés que ir. ¿Tan rápido?, te dice. ¡Volando!, pensas. Sí, mirá me tengo que ir porque mamá está internada. ¿Es grave?, te dice. Mirá, el médico me dijo que se moría entre hoy y mañana, así que no puedo faltar. Pobre, ¿qué tiene?, te rompe las pelotas. Influenza H1N1, le decís. Taxi, au revoir.
Listo. Te fuiste, no la viste nunca más en tu puta vida. Esto es lo normal en Occidente, detalle más detalle menos. Pero, pero, pero aparentemente en Oriente, de donde era oriundo el tipo de la noticia, es distinto. Vos no le podés ver la cara a la mujer, porque en todo momento viste un velo. Y solo casándote podés quitarle el velo.
Jodido, ¡eh!. ¿Cómo comprás sin ver?. Es como comprar por internet. A veces te cagan. Pero, hoy por hoy hasta eBay tiene la posibilidad de devolver lo que no te gustó. ¿Cómo hacés con una mina?, imposible. Además hay una cuestión estadística, uno cuando sale a la calle de cada diez mujeres, máximo tres están buenas, cinco te las bancás como amigas y dos que no las casa ni Roberto Galan. Ojo, porque hay países donde los números son mucho menos favorables. En el mejor de los casos, tenes que tomar la decisión de casarte, con una probabilidad de solo treinta porciento.
Además con el tema del velo, vos por ahí te hacés la cabeza porque tiene linda voz, y luego te encontrás con una que se parece más a Tevez que a Pampita. El velo es el problema. Ni las curvas te deja ver. ¿Y si no tiene curvas y es una tabla?. ¿Y si en vez de una tabla es un redondel?. Abajo de esa sábana se puede ocultar cualquier forma geométrica.
Lo que pasa que la mina es turra, también. Porque si está buena no te lo dice. Y si es fea tampoco. Nadie en este mundo se mira al espejo y dice: ¡Qué feo soy!. Porque el cerebro viene preparado para que cuando vos te veas en el espejo te reconozcas como vos mismo. Entonces nunca te ves feo. Te podés ver gordo. O flaco. O alto. O petiso. Podés desear más músculo. Pero feo no se ve nadie en condiciones normales.
Ahora, ojo, el tipo es un pelotudo. Porque fijate, cuando vos ves el aviso clasificado en el diario y llamás para hablar con el dueño del auto que se vende, lo ametrallás a preguntas antes de ir a verlo. ¿Chocó?, ¿La pintura como está?, ¿Y de motor?. Acá lo mismo. Vos te sentás a tomar un té -porque los árabes toman té- y ahí le podés ir preguntando de a poco.
Che, y contame un poquito de vos, ¿de tetas cómo venis?. Así le podés hacer un radiografía. Pero claro, nunca te va a decir que tiene barba o es bizca. Está bien. Ocultar vale. En Occidente nos pasa igual. Vos te juntás con una mina que te parece encantadora y luego no era así. Y vos tampoco le dijiste a ella que a la mañana te tirás pedos. Pero en el mundo árabe es más más complicado el tema, porque además de la mentira normal, tenés que adivinar qué se esconde debajo del velo. Conocer una mina en el mundo árabe es como participar de un programa de entretenimientos de sábado por la tarde: descubra qué se esconde abajo del velo.
No le veo solución. Quizás hay que cambiar la ley y que antes de dar el sí del casamiento, te permitan mirar. O sino que los tipos también usen velo. O que nadie use velo. Pero estas alternativas están lejos de la cultura árabe.
Se me ocurre una alternativa mejor: todas las minas antes de usar velo, tienen que ser calificadas por un grupo de especialistas. Como si fuera un defile, ponele. Entonces después del desfile la mina se lleva la nota a casa. Puntuación de cero a cien. La calificación la tiene que llevar bordada en el velo. Si te sacaste quince, te jodés. Buscate un tipo de quince. Siempre hay un roto para un descosido.
¿¡O no!?
El del 0.33%
lunes, 1 de febrero de 2010
Conociéndome
A lo largo de mi vida he ido conociendo mi cuerpo cada día más. No hablo desde el punto de vista visual, ni tampoco esos primeros años donde uno descubre que tiene pito o un agujerito en la panza que se llama ombligo.
Hablo de otra cosa. Hablo de saber cómo funciona. Qué pasa si como tal cosa bajo ciertas condiciones. Qué pasa si bebo tal cosa en exceso. Y así.
Voy a empezar por el final: en mi vida me cagué encima cuatro veces. Literalmente. Así como lo leen. Tengo la desdicha de tener mi sistema digestivo muy rápido y tener la necesidad de cagar tres o cuatro veces por día. Y a veces no llego, bien porque estoy lejos de un servicio o bien porque el torrente es tremendamente insostenible.
De las cuatro veces que me pasó la tragedia, quiero contarles la peor. La más inmunda, pero a la vez la más placentera.
Tenía diecinueve años. Estaba en segundo año de la facultad. Me junté con unos compañeros en un bar del centro de La Plata. Bebí, me divertí, y en un momento noté que era tarde y decidí irme para mi casa. No había tomado nada de alcohol, porque mi viejo me había prestado el auto.
Salgo del bar a las dos y pico de la madrugada de un viernes, me subo al auto y perfilo para mi casa. A las pocas cuadras, empiezo a notar que toda la Coca Cola con hielo que había tomado, empieza a hacer revolución. No lo aguantaba. Se venía. Ya estaba ahí. Doblo a toda velocidad por Plaza Italia, y antes de tomar la diagonal setenta y siete paro en la Estación de Servicio. Voy al baño, tiro del picaporte: Cerrado, exclusivo para clientes pida la llave en recepción.
Voy a recepción, no hay nadie, el único encargado estaba verificando el camión que llena los tanques, con lo cual no podía atenderme. Me subo al auto y me voy.
El semaforo de avenida trece y calle cuarenta lo pasé en rojo. Mis tripas se retorcian de una manera que era insoportable. No podía más. Pensé en parar en la Plaza Belgrano y cagar al lado de un árbol, me dí cuenta que lo mejor era hacer el trayecto que faltaba.
No frené en casi ninguna esquina. No le daba paso a nadie. La velocidad de aquél auto era por lo menos ochenta kilometros por hora, y tomaba las curvas como Carlos Sainz. Al fin llegué a mi casa.
Entro por el garage, y ahí tomé la primer decisión importante: cago en el baño que está al lado de la parrilla en el quincho a unos cuarenta metros de la casa o abro las dos puertas que faltan para llegar al baño de casa. Es de noche, hay que buscar las llaves salgo cagando a toda velocidad para el fondo.
Llego al quincho, tiro del picaporte, mi vieja había cerrado la puerta porque adentro guardabamos la máquina de cortar cesped y algunas cosas más. Me cagué pensé en un momento pero vi que la ventana del quincho había quedado abierta. Me metí por la ventana, corrí hasta el baño.
Llegué, rojo del dolor, me bajé los pantalones hasta abajo y en ese momento pasó lo peor. Explotó.
La panza se comprimió con los muslos de las piernas, los intestinos se apretaron y ¡¡bluuaaaff!!....Todo, absolutamente todo sucio. Azulejos blancos, piso blanco, inodoro, tabla y tapa del inodoro, rollo de papel hiégnico, piernas, pantalones, zapatos, camisa, todo era un cuadro pintado por mierda.
Luego de la explosión, tocaba lo peor. Limpiar todo. Lo primero que hice fue sacarme toda la ropa dentro del propio baño. Me quedé totalmente desnudo, con las piernas y los pies cagados. Agarré el jean y con eso me limpié un poco. Salí en pelotas por la ventana del quincho y fui a buscar la manguera.
Cuando estoy yendo por la mitad del parque con la manguera en la mano y en pelotas, mi hermano prende la luz de su cuarto y se asoma por la ventana. El dialogo fue más o menos este:
- ¿Qué hacés a esta hora en bolas? ¿Al quincho venis a garchar?
- No, me cagué encima.
- ¡Uuuhh! qué tipo más pelotudo.
Cerró la persiana y siguió durmiendo. Mi trabajo recién empezaba. Conecté la manguera, y me limpié con agua fria, en pelotas y en el medio del parque. Luego a manguerear todo, juntar la ropa y lavarla, cepillar los azulejos, el piso, y todos los accesorios del baño. Una vez que terminé con eso, trapo y lavandina, porque el olor que había no se iba con nada.
Deje todo perfecto. Sin embargo, aquella noche épica me ayudo a comprender que Coca Cola con hielo no puedo tomar más de un vaso pequeño. Con el tiempo también aprendí que el café con leche es letal, la pileta inmediatamente después de comer es tremenda, y cenar con el torso desnudo con un ventilador cerca, no tiene otro resultado distinto que una explosión de placer.
El del 0.33%
domingo, 17 de enero de 2010
Inteligencia
Musgrave,amigo y coblogger. Aunque creo que se la robó de por ahí.
miércoles, 13 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
Al pedo
McDonald's tiene trescientas cincuenta mil vacas en el Reino Unido con las cuales provee carne a todos los establecimientos hamburgueseros del país. Todos esos bovinos producen el cuatro porciento de las emisiones de gas metano del país.
Ahora, se han propuesto que las vacas se tiren menos pedos. No es algo sencillo, uno sabe que cuando el gas viene, no lo para nada, y para peor, si intentás pararlo potencias el sonido.
No sé bien qué se podría hacer para que las vacas no se desgracien. Me parece que cualquier intento es al pedo.
sábado, 9 de enero de 2010
Canónigos
El canónigo es una planta pequeña, que nace de manera silvestre a orillas de ríos en la Europa continental, fundamentalmente en Francia, Alemania y algunas zonas de Italia . El nombre científico es Valerianácea Locusta. Tienen un sabor semejante al del berro, pero sin el amargor de este. Dada su característica en paladar, se acompaña muy bien con aceite de oliva de arbequinas catalanas, mi preferido.
La planta mide entre cinco y diez centímetros, y tiene la desventaja que se echa a perder muy rápido, lo cual complica su conservación. Para prepararlo se recomienda no separar cada hoja de la planta ni tampoco manosear mucho sus hojas. Lo ideal es condimentarlos minutos antes de comerlos, para no arruinar su suave textura.
Se puede combinar con otras verduras, o con algunos frutos secos. Su fino sabor no lo hace compatible con sabores fuertes, pero podría mezclarse con nueces, manzana verde, tomates cherry o piñones.
Como acompañamiento puede ser un excelente socio del lenguado o el rodaballo, siempre y cuando no se incluya una salsa que opaque el delicado sabor de esta magnífica verdura.
lunes, 4 de enero de 2010
El muñeco
En La Plata tenemos la costumbre de quemar muñecos el 31 de Diciembre de cada año. La historia nace en la calle diez esquina cuarenta, cuando un viejo que tenía un almacén y bar en esa esquina se le ocurrió homenajear a un jugador de Cambaceres en aquel diciembre del año cincuenta y uno.
Nosotros, en el barrio, no podíamos ser menos que el resto y en el año noventa y cinco armamos nuestro propio muñeco. Empezamos en Octubre a pensar qué podíamos hacer. Eramos todos unos inútiles, con lo cual cualquier expresión artística resultaría en una obra paupérrima desde el punto de vista estético.
Ante esta situación, nos juntamos los quince y consensuamos que el muñeco debía ser algo fácil de hacer y que, por sobre todas las cosas, tendría que explotar mucho. Mucho más de lo normal de cualquier muñeco.
Definir qué muñeco hacíamos no fue fácil. La primera propuesta fue hacer una poronga de tres metros de altos. En principio a todos nos parecía buena la idea, pero luego el Nono dijo que nos iba a resultar un poco más difícil conseguir dinero, sobre todo de las madres y las abuelas que paseaban por la zona con sus nietos. Tenía razón. Descartado.
La segunda propuesta fue hacer un cohete espacial. La idea era pésima, inocente y estaba lejísimo de representar la esencia del grupo de amigos, pero a su favor, tenía la simplicidad del desarrollo. También lo descartamos.
La tercer propuesta la dijo mi hermano. Hagamos una lata de Quilmes, dijo. Por atrás se escuchó a Fufi -que de hecho era el único que al menos dibujaba bien- decir que él pintaría el logotipo. Nos embarcamos todos en el proyecto a finales de Octubre.
El primer paso fue conseguir financiamiento. Pusimos todos dos pesos y compramos en lo de Giúdice un secador de pelo que luego rifamos con cien números a cinco pesos por chance. Pasabamos casa por casa, mostrando el secador y vendiendo los números. Ahí conseguimos plata para empezar a comprar el arsenal de pirotécnia que le ibamos a poner adentro. El segundo paso fue conseguir los materiales. Nos robamos unos hierros de algunas obras del barrio, más unas cañas secas que conseguimos en dos baldíos que junto con cartón y diario nos ayudó a conformar el cilindro color blanco que luego se transformaría en lata de Quilmes pintándole solamente el logotipo.
A finales de Noviembre ya teníamos el muñeco casi armado. Pero eso no era lo importante, sino que teníamos acumuladas ciento treinta bombas de estruendo, de esas que para lanzar hace falta introducirlas en un tubo para luego elevarse diez o quince metros y explotar en el aire. Nuestra letal idea era amarrarlas a la estructura de hierro y que exploten a uno o dos metros del piso. Una locura sin igual.
A finales de Diciembre el arsenal era increíble. Teníamos más de doscientas cuarenta bombas, setenta aerosoles, medio kilo de clorato de potasio y azufre suficiente como para armar un descalabro. Con todo eso, podíamos armar quizas cuatro o cinco muñecos que se quemaban en cualquier otra esquina, nosotros solo lo utilizaríamos en un cilindro de carton y papel de un metro y medio de diámetro y tres metros de alto.
Llega el 31 de Diciembre. Ajustamos los detalles pero surgió un problema. Nadie se animaba a encender con una antorcha aquel muñeco, porque sería el último día de su vida. De nuevo la creatividad se hizo presente: armamos un arco y una flecha de caña que encendería el muñeco, idea utilizada tres años antes en las Olimpiadas de Barcelona para encender la llama olímpica. No solo quedabamos como creativos, sino que también nos evitábamos la triste experiencia de ir a encender de cerca más de cuatrocientos explosivos.
Eran la una y media del uno de Enero del noventa y seis. Se había corrido la bola por todo el barrio que el muñeco sería una bomba atómica. Más de quinientas personas se aglutinaron en la esquina de veinticinco y treinta y seis. Empezamos con batucada de unos amigos que vivían cerca del barrio. Encendimos la flecha. Emi disparó. ¡Rebotó en el muñeco y no encendió!. La gente descostillada de la risa pero nosotros preguntandonos: ¿Y ahora?. Claro, todos se reían porque no sabían lo que se venia.
Lo agarramos al Petro, un borracho habitué del barrio que había estado en Malvinas, con lo cual ya de por sí era mucho más valiente que todos nosotros para que agarre la flecha encendida, se acerque y la tire adentro del cilindro.
A los pocos segundos de tirar la flecha, la primer explosión. La segunda. La enésima. Volamos el barrio, la gente que en un principio se había ubicado a unos veinte metros, terminó mirando el muñeco a casi setenta. Todo el mundo con los oídos tapados, nadie podía creer el espectáculo que estabamos dando con tan poco arte.
Quince minutos después, quedó todo hecho cenizas. La gente ovacionaba, no lo podía creer. Venían todos a preguntarnos qué le habíamos puesto. Algunos viejos nos dijeron que nunca en la historia de La Plata habían visto semejante cosa. Otros directamente nos preguntaban si ya sabíamos qué muñeco haríamos al año siguiente. Hagan otro, no nos pueden fallar, nos gritó una vieja de la mano con sus dos nietos felices.
Un momento de gloria para un grupo de amigos muy subestimados por todo el barrio. La felicidad y el reconocimiento de una cagada más. ¡Ah! El secador de pelo lo sorteamos entre nosotros, se lo ganó el Gordo.
El del 0.33%
lunes, 14 de diciembre de 2009
En su lugar
Hijo.- ¿Mamá, dónde está la remera celeste?
Madre.- ¿Cuál celeste?
Hijo.- La que me regalo la tía
Madre.- La guardé porque estaba tirada en el medio del paso
Hijo.- ¿Dónde?
Madre.- En su lugar
Hijo.- No está acá
Madre.-Buscá bien
Hijo.-Te digo que no está
Madre.-Fijate si no la puse para lavar
Hijo.-A ver...No, no está. ¿Dónde la metiste?
Madre.-¿Estás seguro que no está con la ropa sucia?
Hijo.-No
Madre.-Mirá si no está para planchar
Hijo.-¿Dónde esta la pila de planchar?
Madre.-En su lugar.
Hijo.-Yo no plancho, ¿dónde?
Madre.-En el lavadero, en la cesta grande.
Hijo.-No la encuentro
Madre.-¡Buscá bien, por favor!
Hijo.-No, no está.
Madre.-A ver, correte. ¿Es está?
Hijo.-No, esa es otra.
Madre.- ¡Ah! no sé entonces. Yo decía esta.
Hijo.-La que tiene unas letras grandes blancas.
Madre.-¿Esta es?
Hijo.-Sí, ¿dónde estaba?
Madre.-Con los trapos viejos para limpiar.
Hijo.-¿!cómo con los trapos viejos!?, ¿limpiaron con mi remera?
Madre.-Mirá lo que parece esa remera, un trapo.
Hijo.-Está nueva.
Madre.- No te vas a poner esa remera para ir a lo de Abuela en Nochebuena ¿no?
Hijo.-Sí, a mi me gusta.
Madre.-No, cambiate, pareces un croto.
Hijo.-Yo quiero esta, a mi me gusta.
Madre.- Hablá con tu padre.
Hijo.-Papá me deja.
Madre.-Carlos, vení un poquito por favor.
Padre.-¿Qué paso?
Hijo.-Mamá no quiere que me ponga esta para ir a lo de la Abu.
Padre.-Y está un poco vieja. ¿no?
Madre.-Es un desastre, estaba con los trapos viejos, imaginate.
Padre.- ¡Ah! Quiere decir que no solo está vieja sino que además está sucia.
Hijo.-No, pero no tiene olor.
Padre.-Ponete otra.
Hijo.-No quiero.
Padre.-Bueno, no vas.
Hijo.-Sí voy.
Padre.-Bueno cambiate y vas.
Madre.-Dale, apurate.
Hijo.-¡Ufa loco! Me tienen podrido ya.
Madre.-No rezongues.
Hijo.-¿Por qué no le dicen a él también?
Madre.-Porque es más chico y lo visto yo.
Hijo.-¡Un día me voy a ir y van a ver!
Padre.-Bueno avisanos y te hacemos la despedida con fiesta y todo.
Hijo.-Siempre lo mismo. Nunca puedo hacer nada.
Madre.-¿Podés apurarte un poquito, por favor?
Hijo.-Siempre reclamando.
Padre.-Hasta que te hagamos la despedida, sí.
Hijo.- Mamáááá, ¿las zapatillas?
Madre.-¿Otra vez? ¿Nunca encontrás nada?.
Hijo.- No, si las esconden.
Madre.- ¡Ay Diosanto, qué paciencia!
(fin)
jueves, 10 de diciembre de 2009
Pegame acá
Resulta que en Noruega vieron un haz de luz en forma de espiral. Pensaron en un meteorito, otros dijeron que podía ser un ovni y otros, directamente, no tenían la más remota idea qué podía ser.
Entonces los noruegos, ni lentos ni perezosos, se fueron a Harvard a preguntarle a un astrofísico qué podía ser. El tipo los miró, con esa sonrisita sobradora que tienen todos los yanquis, y les dijo:
sábado, 5 de diciembre de 2009
Hacia dónde
Hace unos días alguien preguntó qué inspiraba a un escritor. Esa misma persona, luego de una pausa, siguió preguntando si acaso la inspiración tiene sus orígenes en la nostalgia, en el aburrimiento, en la melancolía, en la pena, o en qué cosa.
martes, 1 de diciembre de 2009
Not dark yet
Shadows are falling and I've been here all day
It's too hot to sleep time is running away
Feel like my soul has turned into steel
I've still got the scars that the sun didn't heal
There's not even room enough to be anywhere
It's not dark yet, but it's getting there
Well my sense of humanity has gone down the drain
Behind every beautiful thing there's been some kind of pain
She wrote me a letter and she wrote it so kind
She put down in writing what was in her mind
I just don't see why I should even care
It's not dark yet, but it's getting there
Well, I've been to London and I've been to gay Paree
I've followed the river and I got to the sea
I've been down on the bottom of a world full of lies
I ain't looking for nothing in anyone's eyes
Sometimes my burden seems more than I can bear
It's not dark yet, but it's getting there
I was born here and I'll die here against my will
I know it looks like I'm moving, but I'm standing still
Every nerve in my body is so vacant and numb
I can't even remember what it was I came here to get away from
Don't even hear a murmur of a prayer
It's not dark yet, but it's getting there.
Bob Dylan
domingo, 29 de noviembre de 2009
El grupo de amigas
Voy a ser sincero. Tuve muchas relaciones de pareja. Lindas, feas, inteligentes, tontas, de todo. Pero no quiero hablar de eso. Quiero describirles quiénes y cómo son las amigas de una mujer. De tu mujer. De mi mujer. De cualquier mujer. Quiero contarles lo que aprendí. Lo que observé. Quiero que vean que después de veinte años, fui capaz de sacar la siguiente conclusión, que cada uno de Ustedes contrastarán.
En cualquier círculo de mujeres podemos encontrar al menos dos de los casos que describiré. A saber:
La simpática (según ellas, la dulce): en la mayoría de los casos, la naturaleza no fue muy generosa con esta clase de personas, son feas ¡bah!, por lo cual han tenido que desarrollar otras armas sociales: la simpatía, la sonrisa, el encanto, la frescura. Este tipo de mujer es la que en todo momento difícil o crisis de alguna de las demás integrantes del grupo, intenta levantar el ánimo riéndose de ella misma. Le pone onda. Es la positiva. Es la mina del no-te-preocupes-ya-pasará.
La racional (según ellas, la seria): esta mujer es la que reflexiona, la que regala libros porque a ella le sirvieron para sacar conclusiones, es la más estable, la mas racional, pero sin embargo es la que más sufre. Y sufre porque en temas de amor y pareja lo racional esta claro que no sirve, entonces se ahoga en su propio talento. Ser racional e inteligente en temas amorosos es como tener una sierra para clavar un clavo. No sirve y no hay modo de que sirva. Cuando alguna de las demás entra en crisis, esta mujer empieza a sacar conclusiones lógicas que no ayudan: "Boluda, no llorés, si no estabas bien con él, es mejor que no estén juntos"....a lo que cualquiera del resto de las integrantes, un poco menos racionales le contestarían: "Sí, tenés razón, pero yo lo amo". Listo. No se habla más. Jaque mate a la racionalidad.
La loca (según ellas, la que tiene una visión distinta): este personaje se caracteriza por respuestas absurdas o posiciones contradictorias cuando el grupo discute algún tema. Cada diez palabras, se contradice cinco. Va por la vida como si todo el mundo estuviera equivocado. Es fiel a sus amigas y es capaz de defender hasta el punto de lo ridículo la posición de ellas. En momentos de crisis amorosa de alguna de sus socias, se manifiesta con frases del tipo: "No te pongas así, ese es un pelotudo que no te merece". Da igual si la sentencia sea verdadera o falsa, lo importante es atacar al supuesto adversario. Por lo general, las parejas le duran poco. Nunca se conforma con ningún hombre porque aparentemente "todos son iguales, son unos pelotudos". Normalmente es la que primero queda embarazada y la que primero se divorcia.
La insoportable (según ellas, la que tiene problemas personales): Todo le viene mal. Salir le viene mal. Quedarse en su casa le viene mal. Su trabajo le viene mal. Las parejas de las demás le vienen mal. Vive de mal humor, no se banca ni ella misma. Se lleva mal con todo el mundo, salvo con su grupo de amigas, donde se refugia. Hace terapia porque obviamente lo necesita y rara vez tiene pareja. Cuando alguna de las demás empieza una relación nueva, es la que le dice al resto: "No son compatibles, no van a durar ni dos meses". Según el resto del grupo está pasando un momento difícil. Lo cierto es que el momento difícil empezó en su infancia y continúa hoy, a los treinta y cinco.
La linda (según ellas, la de rasgos más lindos): Es un cañon. Está más buena que el dulce de leche. Bombonazo imposible de conquistar. Consiguió un novio modelo cuando tenía diecinueve. Después de veinte años sigue con el mismo tipo. Tiene permanentemente entre cuatro y ocho tipos queriendo acostarse con ella. Se cuida todo el tiempo su apariciencia física. Es la única del grupo que no envejece. Después de los cincuenta te la confundís con un gatuzo.
La mantenida (según ellas, la más acomodada): Trabaja menos que un concejal de un pueblo fantasma. Vive de viaje. Va a la mitad de las reuniones que organizan sus amigas. El marido le mete los cuernos, ella lo sabe, no le importa. Lo que jode de ella son los comentarios, porque mientras las demás reman para hacer un mango, ella vive en una nube de lujuria. Frases como: "Mirá la cartera que me compró el gordo en París", dejan a las demás con la baba chorreando y muertas de envidia.
La superada (según ellas, la que tiene más experiencia): Ya le pasó todo. Una del grupo se divorcia, ella ya se divorció. Una del grupo tiene un hijo, ella ya tuvo tres. Una del grupo pierde el trabajo, ella ya cambió ochenta veces de laburo. Habla todo el tiempo con aires de superioridad. Se las sabe todas. Cuando ella habla, el resto la mira. Como cuando una madre le habla a sus hijos desde la experiencia. Para cada situación tiene un consejo. Jamás pierde la oportunidad de minimizar los dramas de las demás con frases del tipo: "Quedate tranquila, no pasa nada, mirá esto se soluciona muy fácil".
La fauna femenina es algo interminable, pero a lo largo de los años he podido identificar, sin ningún problema, los personajes que acabo de describir. A cada una de ellas podría ponerle nombre y apellido. Hasta número de Documento de Identidad.
Pero no es lo que busco. No busco la etiqueta. Busco cerrar una enciclopedia corta que pronto será completada con personajes del sexo opuesto. Nosotros tenemos lo nuestro. Sin dudas.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Álvaro y Rodrigo
Álvaro y Rodrigo tienen los dos veinte años. Son amigos desde hace quince. Viven en distintos barrios, pero están todo el día juntos. Su sitio de reunión, el monumento del águila de Plaza Italia, en el centro de La Plata. Serán de aquí en más, dos personajes que nos acompañarán y que iremos describiendo de a poco en sus diálogos cortos.
Álvaro.- Mirá la gorda de mierda esa.
Rodrigo.-¿Cuál?
Álvaro.- La que está apoyada al renó doce blanco.
Rodrigo.- Sí, ¿qué tiene?
Álvaro.- ¿Le das?
Rodrigo.- Mmmhh, sí. No es tan gorda. Borracho le doy.
Álvaro.- No es gorda porque vos sos un cerdo, mirate la panza.
Rodrigo.- ¡Ah, no, ¿Vos no le das, no?!
Álvaro.- Yo no. Yo salgo con minas lindas.
Rodrigo.- Sí, lindas, como la negra Carla. Esa sí que es fea, fea.
Álvaro.- ¡Buej! De cara es fulera, pero tiene un orto...
Rodrigo.- Pero no tiene tetas...
Álvaro.- Tiene más que el bagallo que te comías vos de Ensenada.
Rodrigo.- ¿Andrea?. No me vas a comparar Andrea con Carla. Andrea tiene una cara linda, ¿no viste los ojos que tiene?
Álvaro.- ¿Vos cojés por los ojos?
Rodrigo.- Sí, y a tu hermana también.
Álvaro.- Decís algo de mi hermana y te arranco la cabeza.
Rodrigo.- ¿Vos y cuántos más, salame?
Álvaro.- Yo solo.
Rodrigo.- Callate cagón, si un pendejito de doce vino a sacarte diez pesos mugrosos y te asustaste.
Álvaro.- Por diez mangos no arriesgo que me pique. ¿A que no le decís algo a la gorda?
Rodrigo.- No es gorda. ¿Qué querés que le diga?
Álvaro.- Levantatela. Decile que queres cojerla.
Rodrigo.- No. Ni loco. El desubicado siempre fuiste vos.
Álvaro.- A que voy y le toco el orto.
Rodrigo.- Dos atados de Camel a que no.
Álvaro.- Yo no fumo.
Rodrigo.- Bueno, te doy la guita.
Álvaro.- ¿Vale salir corriendo?
Rodrigo.- Si salís corriendo es fácil. Tocale el culo y contá hasta quince. Parado, no te podés mover. Si te escapás, te pago.
Álvaro.- Está jodido. ¿Está sola?
Rodrigo.- Qué se yo, boludo. ¿Qué querés que te haga el laburo de inteligencia, también?.
Álvaro.- Ahí voy.
Álvaro se acerca lentamente. Estira su mano, y le toca el culo a la gorda. Queda petrificado en su lugar contando hasta quince. Antes de terminar, recibe un imprevisto carterazo en la cabeza por parte de la hermana de la gorda. Pierde el equilibrio, cae. Queda mareado. Sin entender demasiado lo que pasó, se levanta y corre. Rodrigo, a las carcajadas, lo mira y le dice:
¡Pará!. No corras, andá tranquilo que recién me acabo de prender el último del paquete.
