lunes, 11 de enero de 2010

Al pedo

McDonald's tiene trescientas cincuenta mil vacas en el Reino Unido con las cuales provee carne a todos los establecimientos hamburgueseros del país. Todos esos bovinos producen el cuatro porciento de las emisiones de gas metano del país.

Ahora, se han propuesto que las vacas se tiren menos pedos. No es algo sencillo, uno sabe que cuando el gas viene, no lo para nada, y para peor, si intentás pararlo potencias el sonido.

No sé bien qué se podría hacer para que las vacas no se desgracien. Me parece que cualquier intento es al pedo.

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sábado, 9 de enero de 2010

Canónigos

El canónigo es una planta pequeña, que nace de manera silvestre a orillas de ríos en la Europa continental, fundamentalmente en Francia, Alemania y algunas zonas de Italia . El nombre científico es Valerianácea Locusta. Tienen un sabor semejante al del berro, pero sin el amargor de este. Dada su característica en paladar, se acompaña muy bien con aceite de oliva de arbequinas catalanas, mi preferido.

La planta mide entre cinco y diez centímetros, y tiene la desventaja que se echa a perder muy rápido, lo cual complica su conservación. Para prepararlo se recomienda no separar cada hoja de la planta ni tampoco manosear mucho sus hojas. Lo ideal es condimentarlos minutos antes de comerlos, para no arruinar su suave textura.

Se puede combinar con otras verduras, o con algunos frutos secos. Su fino sabor no lo hace compatible con sabores fuertes, pero podría mezclarse con nueces, manzana verde, tomates cherry o piñones.

Como acompañamiento puede ser un excelente socio del lenguado o el rodaballo, siempre y cuando no se incluya una salsa que opaque el delicado sabor de esta magnífica verdura.

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lunes, 4 de enero de 2010

El muñeco

En La Plata tenemos la costumbre de quemar muñecos el 31 de Diciembre de cada año. La historia nace en la calle diez esquina cuarenta, cuando un viejo que tenía un almacén y bar en esa esquina se le ocurrió homenajear a un jugador de Cambaceres en aquel diciembre del año cincuenta y uno.

Nosotros, en el barrio, no podíamos ser menos que el resto y en el año noventa y cinco armamos nuestro propio muñeco. Empezamos en Octubre a pensar qué podíamos hacer. Eramos todos unos inútiles, con lo cual cualquier expresión artística resultaría en una obra paupérrima desde el punto de vista estético.

Ante esta situación, nos juntamos los quince y consensuamos que el muñeco debía ser algo fácil de hacer y que, por sobre todas las cosas, tendría que explotar mucho. Mucho más de lo normal de cualquier muñeco.

Definir qué muñeco hacíamos no fue fácil. La primera propuesta fue hacer una poronga de tres metros de altos. En principio a todos nos parecía buena la idea, pero luego el Nono dijo que nos iba a resultar un poco más difícil conseguir dinero, sobre todo de las madres y las abuelas que paseaban por la zona con sus nietos. Tenía razón. Descartado.

La segunda propuesta fue hacer un cohete espacial. La idea era pésima, inocente y estaba lejísimo de representar la esencia del grupo de amigos, pero a su favor, tenía la simplicidad del desarrollo. También lo descartamos.

La tercer propuesta la dijo mi hermano. Hagamos una lata de Quilmes, dijo. Por atrás se escuchó a Fufi -que de hecho era el único que al menos dibujaba bien- decir que él pintaría el logotipo. Nos embarcamos todos en el proyecto a finales de Octubre.

El primer paso fue conseguir financiamiento. Pusimos todos dos pesos y compramos en lo de Giúdice un secador de pelo que luego rifamos con cien números a cinco pesos por chance. Pasabamos casa por casa, mostrando el secador y vendiendo los números. Ahí conseguimos plata para empezar a comprar el arsenal de pirotécnia que le ibamos a poner adentro. El segundo paso fue conseguir los materiales. Nos robamos unos hierros de algunas obras del barrio, más unas cañas secas que conseguimos en dos baldíos que junto con cartón y diario nos ayudó a conformar el cilindro color blanco que luego se transformaría en lata de Quilmes pintándole solamente el logotipo.

A finales de Noviembre ya teníamos el muñeco casi armado. Pero eso no era lo importante, sino que teníamos acumuladas ciento treinta bombas de estruendo, de esas que para lanzar hace falta introducirlas en un tubo para luego elevarse diez o quince metros y explotar en el aire. Nuestra letal idea era amarrarlas a la estructura de hierro y que exploten a uno o dos metros del piso. Una locura sin igual.

A finales de Diciembre el arsenal era increíble. Teníamos más de doscientas cuarenta bombas, setenta aerosoles, medio kilo de clorato de potasio y azufre suficiente como para armar un descalabro. Con todo eso, podíamos armar quizas cuatro o cinco muñecos que se quemaban en cualquier otra esquina, nosotros solo lo utilizaríamos en un cilindro de carton y papel de un metro y medio de diámetro y tres metros de alto.

Llega el 31 de Diciembre. Ajustamos los detalles pero surgió un problema. Nadie se animaba a encender con una antorcha aquel muñeco, porque sería el último día de su vida. De nuevo la creatividad se hizo presente: armamos un arco y una flecha de caña que encendería el muñeco, idea utilizada tres años antes en las Olimpiadas de Barcelona para encender la llama olímpica. No solo quedabamos como creativos, sino que también nos evitábamos la triste experiencia de ir a encender de cerca más de cuatrocientos explosivos.

Eran la una y media del uno de Enero del noventa y seis. Se había corrido la bola por todo el barrio que el muñeco sería una bomba atómica. Más de quinientas personas se aglutinaron en la esquina de veinticinco y treinta y seis. Empezamos con batucada de unos amigos que vivían cerca del barrio. Encendimos la flecha. Emi disparó. ¡Rebotó en el muñeco y no encendió!. La gente descostillada de la risa pero nosotros preguntandonos: ¿Y ahora?. Claro, todos se reían porque no sabían lo que se venia.

Lo agarramos al Petro, un borracho habitué del barrio que había estado en Malvinas, con lo cual ya de por sí era mucho más valiente que todos nosotros para que agarre la flecha encendida, se acerque y la tire adentro del cilindro.

A los pocos segundos de tirar la flecha, la primer explosión. La segunda. La enésima. Volamos el barrio, la gente que en un principio se había ubicado a unos veinte metros, terminó mirando el muñeco a casi setenta. Todo el mundo con los oídos tapados, nadie podía creer el espectáculo que estabamos dando con tan poco arte.

Quince minutos después, quedó todo hecho cenizas. La gente ovacionaba, no lo podía creer. Venían todos a preguntarnos qué le habíamos puesto. Algunos viejos nos dijeron que nunca en la historia de La Plata habían visto semejante cosa. Otros directamente nos preguntaban si ya sabíamos qué muñeco haríamos al año siguiente. Hagan otro, no nos pueden fallar, nos gritó una vieja de la mano con sus dos nietos felices.

Un momento de gloria para un grupo de amigos muy subestimados por todo el barrio. La felicidad y el reconocimiento de una cagada más. ¡Ah! El secador de pelo lo sorteamos entre nosotros, se lo ganó el Gordo.

El del 0.33%

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lunes, 14 de diciembre de 2009

En su lugar

Hijo.- ¿Mamá, dónde está la remera celeste?

Madre.- ¿Cuál celeste?

Hijo.- La que me regalo la tía

Madre.- La guardé porque estaba tirada en el medio del paso

Hijo.- ¿Dónde?

Madre.- En su lugar

Hijo.- No está acá

Madre.-Buscá bien

Hijo.-Te digo que no está

Madre.-Fijate si no la puse para lavar

Hijo.-A ver...No, no está. ¿Dónde la metiste?

Madre.-¿Estás seguro que no está con la ropa sucia?

Hijo.-No

Madre.-Mirá si no está para planchar

Hijo.-¿Dónde esta la pila de planchar?

Madre.-En su lugar.

Hijo.-Yo no plancho, ¿dónde?

Madre.-En el lavadero, en la cesta grande.

Hijo.-No la encuentro

Madre.-¡Buscá bien, por favor!

Hijo.-No, no está.

Madre.-A ver, correte. ¿Es está?

Hijo.-No, esa es otra.

Madre.- ¡Ah! no sé entonces. Yo decía esta.

Hijo.-La que tiene unas letras grandes blancas.

Madre.-¿Esta es?

Hijo.-Sí, ¿dónde estaba?

Madre.-Con los trapos viejos para limpiar.

Hijo.-¿!cómo con los trapos viejos!?, ¿limpiaron con mi remera?

Madre.-Mirá lo que parece esa remera, un trapo.

Hijo.-Está nueva.

Madre.- No te vas a poner esa remera para ir a lo de Abuela en Nochebuena ¿no?

Hijo.-Sí, a mi me gusta.

Madre.-No, cambiate, pareces un croto.

Hijo.-Yo quiero esta, a mi me gusta.

Madre.- Hablá con tu padre.

Hijo.-Papá me deja.

Madre.-Carlos, vení un poquito por favor.

Padre.-¿Qué paso?

Hijo.-Mamá no quiere que me ponga esta para ir a lo de la Abu.

Padre.-Y está un poco vieja. ¿no?

Madre.-Es un desastre, estaba con los trapos viejos, imaginate.

Padre.- ¡Ah! Quiere decir que no solo está vieja sino que además está sucia.

Hijo.-No, pero no tiene olor.

Padre.-Ponete otra.

Hijo.-No quiero.

Padre.-Bueno, no vas.

Hijo.-Sí voy.

Padre.-Bueno cambiate y vas.

Madre.-Dale, apurate.

Hijo.-¡Ufa loco! Me tienen podrido ya.

Madre.-No rezongues.

Hijo.-¿Por qué no le dicen a él también?

Madre.-Porque es más chico y lo visto yo.

Hijo.-¡Un día me voy a ir y van a ver!

Padre.-Bueno avisanos y te hacemos la despedida con fiesta y todo.

Hijo.-Siempre lo mismo. Nunca puedo hacer nada.

Madre.-¿Podés apurarte un poquito, por favor?

Hijo.-Siempre reclamando.

Padre.-Hasta que te hagamos la despedida, sí.

Hijo.- Mamáááá, ¿las zapatillas?

Madre.-¿Otra vez? ¿Nunca encontrás nada?.

Hijo.- No, si las esconden.

Madre.- ¡Ay Diosanto, qué paciencia!


(fin)

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jueves, 10 de diciembre de 2009

Pegame acá

Resulta que en Noruega vieron un haz de luz en forma de espiral. Pensaron en un meteorito, otros dijeron que podía ser un ovni y otros, directamente, no tenían la más remota idea qué podía ser.


Entonces los noruegos, ni lentos ni perezosos, se fueron a Harvard a preguntarle a un astrofísico qué podía ser. El tipo los miró, con esa sonrisita sobradora que tienen todos los yanquis, y les dijo:

Miren, noruegos, les voy a decir algo. Sabemos que el submarino ruso Dimitry Donskoy está en el Mar Blanco y se está preparando para la prueba duodécima del misil Bulava, que ha tenido numerosos fallos. Despreocúpense. Los rusos son muy panchos para hacer misiles y todos les salen fallados. Sugiero, entonces, que aprovechen ahora que viene fin de año, y coordinen con los rusos para que dispare los misiles durante el Año Nuevo del dos mil diez. Se ahorrarán un montón de guita en cuetes y fuegos artificiales.

Mas allá de la noticia, uno se pregunta: ¿para qué desarrollan un misil si hasta un astrofísico de Harvard, que normalmente vive en una nube de pedos, sabe que lo están probando? ¡Hay que ser gilipollas, eh! Si tu enemigo sabe dónde estás y qué estás haciendo, entonces ¿para qué lo hacés?.

Es como decirle, "che, no me pegues en el flanco derecho, porque me voy a estar cubriendo con la mano, más vale que la piña venga al estómago que está descubierto". Los rusos son unos nabos. Los americanos son unos nabos. Los noruegos son unos nabos por estar geográficamente entre dos nabos que se quieren disparar entre ellos. ¡Ah! No, la guerra fría ya terminó. Quizás el misil es para dispararle a...a...a...¡Bin Laden!.

Cuánto mejor estaríamos todos, si en vez de gastar tanta plata en armas, la usáramos para otra cosa.


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sábado, 5 de diciembre de 2009

Hacia dónde

Hace unos días alguien preguntó qué inspiraba a un escritor. Esa misma persona, luego de una pausa, siguió preguntando si acaso la inspiración tiene sus orígenes en la nostalgia, en el aburrimiento, en la melancolía, en la pena, o en qué cosa.


Otro alguien, que tiene varias obras literarias en su haber, dijo que él sentía que su inspiración era la carencia. Me resultó curiosa la respuesta. Me sentí plenamente identificado con lo que dijo. Creo que las palabras fluyen cuando tengo una carencia. Muchas de las historias que ven en este blog, no son más que recuerdos que añoro. Momentos que pasaron en mi vida y que quedaron grabados por siempre.

Claro, no soy escritor. Jamás escribí por escribir, de hecho creo que escribo como el culo. No importa, la idea es que la escritura pueda cubrir huecos. La escritura de cualquier texto llena el alma que en algún rincón puede estar vacía. Vacía porque el tiempo pasó. Vacía porque alguien se fue. Vacía porque a alguien dejé. Vacía, como un lienzo grande a medio terminar, que uno tiene que tomarse el trabajo de pintarlo.

A veces siento que no tengo ganas de escribir, pero tampoco me siento completo. Es contradictorio, pero es lo que hay. Sucede que la pereza mental le gana al sentimiento de vacío. Eso es una mierda. Te estancás. No salís. Te metés en un pozo que podes terminar mal. Por eso hay que escribir. O hablar. O pintar, o componer, o saltar, o bailar, o querer, o amar, o hacer algo. No importa qué. Hay que hacer algo que te llene el alma.

Es jodido. Digo, es jodido encontrar el qué, porque no todo te llena. Es más, hay cosas que te dejan más vacío que antes. Renegar, sufrir, arrostrar con ciertos temas te hacen mal. Y tenés que salir de ese círculo vicioso. Tenés que enfrentar el drama y plantarle cara. Tenés que decir: ¡puta! ¡me fui a la banquina!. Te frenás. Pensas. Sentís. Reflexionás. Buscas la salida del laberinto y vuelta al ruedo.

Pero, para poder salir del laberinto tenés que saber qué querés para tu alma. Para vos mismo. Necesitás tener deseos, ilusiones. Si no tenés ilusiones es porque la pereza mental te cagó la vida. Te saliste de la ruta y cuando querés volver no sabés para qué lado ibas. Las ilusiones, los sueños, son la brújula. Algunos encuentran las ilusiones y los sueños en sus hijos. Otros en los más cercanos. Otros en Dios. Otros en ellos mismos. Están. En algún lado están. Hay que encontrarlos, volver a cargar la mochila y seguir peregrinando.

Si tus recuerdos de ayer no te llenan el alma de hoy, es porque creciste, y eso habla bien de vos. Lo que jamás tenés que hacer es vivir añorando, porque siempre vas a quedar vacío. En fin, como dijo un amigo, la vida no trata de filosofar, sino de seguir instintivamente tus sueños, tus ilusiones. No perdamos las ilusiones, cantemos...

El del 0.33%

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martes, 1 de diciembre de 2009

Not dark yet




Shadows are falling and I've been here all day
It's too hot to sleep time is running away
Feel like my soul has turned into steel
I've still got the scars that the sun didn't heal
There's not even room enough to be anywhere
It's not dark yet, but it's getting there

Well my sense of humanity has gone down the drain
Behind every beautiful thing there's been some kind of pain
She wrote me a letter and she wrote it so kind
She put down in writing what was in her mind
I just don't see why I should even care
It's not dark yet, but it's getting there

Well, I've been to London and I've been to gay Paree
I've followed the river and I got to the sea
I've been down on the bottom of a world full of lies
I ain't looking for nothing in anyone's eyes
Sometimes my burden seems more than I can bear
It's not dark yet, but it's getting there

I was born here and I'll die here against my will
I know it looks like I'm moving, but I'm standing still
Every nerve in my body is so vacant and numb
I can't even remember what it was I came here to get away from
Don't even hear a murmur of a prayer
It's not dark yet, but it's getting there.

Bob Dylan

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domingo, 29 de noviembre de 2009

El grupo de amigas

Voy a ser sincero. Tuve muchas relaciones de pareja. Lindas, feas, inteligentes, tontas, de todo. Pero no quiero hablar de eso. Quiero describirles quiénes y cómo son las amigas de una mujer. De tu mujer. De mi mujer. De cualquier mujer. Quiero contarles lo que aprendí. Lo que observé. Quiero que vean que después de veinte años, fui capaz de sacar la siguiente conclusión, que cada uno de Ustedes contrastarán.

En cualquier círculo de mujeres podemos encontrar al menos dos de los casos que describiré. A saber:

La simpática (según ellas, la dulce): en la mayoría de los casos, la naturaleza no fue muy generosa con esta clase de personas, son feas ¡bah!, por lo cual han tenido que desarrollar otras armas sociales: la simpatía, la sonrisa, el encanto, la frescura. Este tipo de mujer es la que en todo momento difícil o crisis de alguna de las demás integrantes del grupo, intenta levantar el ánimo riéndose de ella misma. Le pone onda. Es la positiva. Es la mina del no-te-preocupes-ya-pasará.

La racional (según ellas, la seria): esta mujer es la que reflexiona, la que regala libros porque a ella le sirvieron para sacar conclusiones, es la más estable, la mas racional, pero sin embargo es la que más sufre. Y sufre porque en temas de amor y pareja lo racional esta claro que no sirve, entonces se ahoga en su propio talento. Ser racional e inteligente en temas amorosos es como tener una sierra para clavar un clavo. No sirve y no hay modo de que sirva. Cuando alguna de las demás entra en crisis, esta mujer empieza a sacar conclusiones lógicas que no ayudan: "Boluda, no llorés, si no estabas bien con él, es mejor que no estén juntos"....a lo que cualquiera del resto de las integrantes, un poco menos racionales le contestarían: "Sí, tenés razón, pero yo lo amo". Listo. No se habla más. Jaque mate a la racionalidad.

La loca (según ellas, la que tiene una visión distinta): este personaje se caracteriza por respuestas absurdas o posiciones contradictorias cuando el grupo discute algún tema. Cada diez palabras, se contradice cinco. Va por la vida como si todo el mundo estuviera equivocado. Es fiel a sus amigas y es capaz de defender hasta el punto de lo ridículo la posición de ellas. En momentos de crisis amorosa de alguna de sus socias, se manifiesta con frases del tipo: "No te pongas así, ese es un pelotudo que no te merece". Da igual si la sentencia sea verdadera o falsa, lo importante es atacar al supuesto adversario. Por lo general, las parejas le duran poco. Nunca se conforma con ningún hombre porque aparentemente "todos son iguales, son unos pelotudos". Normalmente es la que primero queda embarazada y la que primero se divorcia.

La insoportable (según ellas, la que tiene problemas personales): Todo le viene mal. Salir le viene mal. Quedarse en su casa le viene mal. Su trabajo le viene mal. Las parejas de las demás le vienen mal. Vive de mal humor, no se banca ni ella misma. Se lleva mal con todo el mundo, salvo con su grupo de amigas, donde se refugia. Hace terapia porque obviamente lo necesita y rara vez tiene pareja. Cuando alguna de las demás empieza una relación nueva, es la que le dice al resto: "No son compatibles, no van a durar ni dos meses". Según el resto del grupo está pasando un momento difícil. Lo cierto es que el momento difícil empezó en su infancia y continúa hoy, a los treinta y cinco.

La linda (según ellas, la de rasgos más lindos): Es un cañon. Está más buena que el dulce de leche. Bombonazo imposible de conquistar. Consiguió un novio modelo cuando tenía diecinueve. Después de veinte años sigue con el mismo tipo. Tiene permanentemente entre cuatro y ocho tipos queriendo acostarse con ella. Se cuida todo el tiempo su apariciencia física. Es la única del grupo que no envejece. Después de los cincuenta te la confundís con un gatuzo.

La mantenida (según ellas, la más acomodada): Trabaja menos que un concejal de un pueblo fantasma. Vive de viaje. Va a la mitad de las reuniones que organizan sus amigas. El marido le mete los cuernos, ella lo sabe, no le importa. Lo que jode de ella son los comentarios, porque mientras las demás reman para hacer un mango, ella vive en una nube de lujuria. Frases como: "Mirá la cartera que me compró el gordo en París", dejan a las demás con la baba chorreando y muertas de envidia.

La superada (según ellas, la que tiene más experiencia): Ya le pasó todo. Una del grupo se divorcia, ella ya se divorció. Una del grupo tiene un hijo, ella ya tuvo tres. Una del grupo pierde el trabajo, ella ya cambió ochenta veces de laburo. Habla todo el tiempo con aires de superioridad. Se las sabe todas. Cuando ella habla, el resto la mira. Como cuando una madre le habla a sus hijos desde la experiencia. Para cada situación tiene un consejo. Jamás pierde la oportunidad de minimizar los dramas de las demás con frases del tipo: "Quedate tranquila, no pasa nada, mirá esto se soluciona muy fácil".

La fauna femenina es algo interminable, pero a lo largo de los años he podido identificar, sin ningún problema, los personajes que acabo de describir. A cada una de ellas podría ponerle nombre y apellido. Hasta número de Documento de Identidad.

Pero no es lo que busco. No busco la etiqueta. Busco cerrar una enciclopedia corta que pronto será completada con personajes del sexo opuesto. Nosotros tenemos lo nuestro. Sin dudas.

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viernes, 27 de noviembre de 2009

Álvaro y Rodrigo

Álvaro y Rodrigo tienen los dos veinte años. Son amigos desde hace quince. Viven en distintos barrios, pero están todo el día juntos. Su sitio de reunión, el monumento del águila de Plaza Italia, en el centro de La Plata. Serán de aquí en más, dos personajes que nos acompañarán y que iremos describiendo de a poco en sus diálogos cortos.

Álvaro.- Mirá la gorda de mierda esa.

Rodrigo.-¿Cuál?

Álvaro.- La que está apoyada al renó doce blanco.

Rodrigo.- Sí, ¿qué tiene?

Álvaro.- ¿Le das?

Rodrigo.- Mmmhh, sí. No es tan gorda. Borracho le doy.

Álvaro.- No es gorda porque vos sos un cerdo, mirate la panza.

Rodrigo.- ¡Ah, no, ¿Vos no le das, no?!

Álvaro.- Yo no. Yo salgo con minas lindas.

Rodrigo.- Sí, lindas, como la negra Carla. Esa sí que es fea, fea.

Álvaro.- ¡Buej! De cara es fulera, pero tiene un orto...

Rodrigo.- Pero no tiene tetas...

Álvaro.- Tiene más que el bagallo que te comías vos de Ensenada.

Rodrigo.- ¿Andrea?. No me vas a comparar Andrea con Carla. Andrea tiene una cara linda, ¿no viste los ojos que tiene?

Álvaro.- ¿Vos cojés por los ojos?

Rodrigo.- Sí, y a tu hermana también.

Álvaro.- Decís algo de mi hermana y te arranco la cabeza.

Rodrigo.- ¿Vos y cuántos más, salame?

Álvaro.- Yo solo.

Rodrigo.- Callate cagón, si un pendejito de doce vino a sacarte diez pesos mugrosos y te asustaste.

Álvaro.- Por diez mangos no arriesgo que me pique. ¿A que no le decís algo a la gorda?

Rodrigo.- No es gorda. ¿Qué querés que le diga?

Álvaro.- Levantatela. Decile que queres cojerla.

Rodrigo.- No. Ni loco. El desubicado siempre fuiste vos.

Álvaro.- A que voy y le toco el orto.

Rodrigo.- Dos atados de Camel a que no.

Álvaro.- Yo no fumo.

Rodrigo.- Bueno, te doy la guita.

Álvaro.- ¿Vale salir corriendo?

Rodrigo.- Si salís corriendo es fácil. Tocale el culo y contá hasta quince. Parado, no te podés mover. Si te escapás, te pago.

Álvaro.- Está jodido. ¿Está sola?

Rodrigo.- Qué se yo, boludo. ¿Qué querés que te haga el laburo de inteligencia, también?.

Álvaro.- Ahí voy.

Álvaro se acerca lentamente. Estira su mano, y le toca el culo a la gorda. Queda petrificado en su lugar contando hasta quince. Antes de terminar, recibe un imprevisto carterazo en la cabeza por parte de la hermana de la gorda. Pierde el equilibrio, cae. Queda mareado. Sin entender demasiado lo que pasó, se levanta y corre. Rodrigo, a las carcajadas, lo mira y le dice:

¡Pará!. No corras, andá tranquilo que recién me acabo de prender el último del paquete.

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martes, 24 de noviembre de 2009

Mi hijo el Doctor

Fui al médico. Nadie que vaya al médico está sano, ni siquiera los sanos. Siempre pasa algo. No importa qué, siempre hay algo que tenés que tomar o hacer. Hacé ejercicios. Caminá tres veces por semana durante una hora. Tomate esto cada ocho horas. Hacete exámenes esta semana. Volvé dentro de quince días. Todos son imperativos temporales cuando vas al médico. Y te lo dice bien, de buena manera, porque sabe que lo tenés que hacer, sino ya sabés lo que te espera. Entonces te asustás y lo hacés, en tiempo y forma.

Te decía, fui al médico. Necesitaba ir a pedirle un certificado de buena salud. De paso le conté algo que me sucede a diario. Ya sabía que era: la vesícula. La vesícula es un órgano que está al lado del hígado y que no sirve para nada. Sirve, sí, pero si la extraés del cuerpo, no pasa nada. Si la sacás y nada cambia, es porque no sirve, pero sirve. Sirve para acumular bilis que luego lanza al duodeno para empezar la digestión. Si vos sacás la vesícula, el higado queda conectado directamente al duodeo a través de un tubo que con el tiempo se va ensanchando y cumpliendo la misma función de la vesícula.

Me duele atrás de la costilla derecha cuando como en exceso, le digo al médico. La vesícula, es la vesícula, me dice. Ya sé, le digo. Hacete estos exámenes. Imperativo, ya empezamos. Bueno le digo, pero hoy necesito el certificado. Sí, ya te lo doy. De paso hacete estos estudios de sangre. ¿Más estudios?. Sí, para ver qué tenés en la vesícula. Debo tener cálculos, opino. ¿Cómo sabés?. Porque es mi vesícula y sospecho que mi cerebro está diciendo algo, a través de mi boca, que ya sabe, le digo. Se ríe. Bueno, si es así te tengo que operar. No, le contesté. Bueno, como quieras, te empezará a doler cada vez más. Ya sé, pero yo vine por el certificado. Sí, pero según vos tenés cálculos en la vesícula. ¿No se van solos?, pregunto. Depende, me contesta, ese dolor también puede ser provocado por otras cosas, necesito los estudios.

En medicina todo depende, pero depende de una forma poco analítica, no convencional, más bien como un adivinador. El tema es el siguiente: una de las cosas más graves que tienen los médicos es que no estudiaron estadística, entonces sacan conclusiones con una sola observación. Te toman la presión una vez y te dicen con cara de afligido: la tenés alta. Te sacan sangre una vez y te dicen: tenés colesterol. En fin, el médico es un estadístico que se conforma con una sola observación. Algunos se dieron cuenta de ésta barbaridad y te dicen: tomate la presión durante esta semana todas las mañanas y anotalo. Imperativo temporal con deseos de estadístico serio. Ni él se lo cree. Pero, aún así, son los más serios, pasan de una muestra con una sola observación a otra que tiene siete. Siete observaciones es una vergüenza de muestra, pero ellos con eso se sienten confiados.

Me fui del consultorio con el certificado en la mano y las órdenes para los exámenes. Me haré los exámes que me encargó, y si tengo cálculos me presentaré en la facultad de medicina de la La Plata para retirar mi título honoris causa a la medicina autodiagnosticada. Este título me permitiría, en principio, ejercer la medicina en mí mismo. No así hacia terceros. Una ventaja: no más imperativos. Una desventaja: no podés hacer recetas, con lo cual tenés que seguir yendo al médico y contarle qué te pasa. Te dirá qué tenés que hacer pero no lo aceptarás, solo vas para que te dé la receta. El médico deja de ser un marimandón para transformarse en un escribiente de recetas. No está mal, por lo menos no te dan órdenes médicas. Ni de las otras tampoco.

El del 0.33%

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